Aunque así lo parezca la música no es para todos. Los espacios, industria y empleos que tienen que ver con el campo musical tiendan a beneficiar o preferir al hombre por encima de las mujeres, la brecha social causada por el androcentrismo y diferentes comportamientos sociales adversos a la mujer han salpicado también a la escena musical.
Para ejemplificar solo es necesario voltear a ver los grandes festivales dentro de nuestro país, el porcentaje de participación femenina es mínimo, hablar de representación femenina en todos los ámbitos de la escena musical, diseño, logística, managment, temas técnicos, es casi imposible.
En el año 2019 la revista especializada Slang publicó una investigación especial en torno a dicho tema, “Igualdad y representación: el futuro de la industria musical”, de Pamela Escamilla nos da una pequeña idea de la terrible situación que viven las mujeres intérpretes, compositoras, productoras, managers, técnicas, etc.
El festival nacional que tiene mayor representación femenina es el “Grrrl Noise” con 33%, le sigue el extinto “Cumbre Tajín” con 27% y el “NRMAL” con 22%. Es decir que en el mejor de los casos, de cada 10 presentación, solamente tres son de mujeres.

Basándonos en este ejemplo podemos entonces hablar de una brecha o violencia de género dentro de la industria musical que es causado por un “patriarcado musical”.
Citando a la siempre disponible Wikipedia, el patriarcado es “toda forma de organización social cuya autoridad se reserva exclusivamente al hombre o sexo masculino. En una estructura social patriarcal, la mujer no asume liderazgo político, ni autoridad moral, ni privilegio social ni control sobre la propiedad”.
Por lo tanto nos tomaremos el atrevimiento de hablar del “patriarcado musical”, un término bastante reciente de una un zona de acción social poco estudiada.
El problema del “patriarcado musical” es tan real en Latinoamérica y el mundo que en Argentina se ha creado una ley que obliga a todos los festivales a cumplir con una cuota de género de al menos 30%.

Les contamos un poco sobre dicha legislación, con información de la banda de Infobae, “La ley establece que en los eventos de música en vivo, así como cualquier actividad organizada de forma pública o privada que implique lucro comercial o no y que para su desarrollo convoquen un mínimo de tres artistas o agrupaciones musicales en una o más jornadas, ciclos o programaciones anuales, deben contar en su grilla con la presencia de un mínimo del 30 por ciento artistas femeninas”.
Hasta el momento solo hemos mencionado la cuestión de “espacios” para las mujeres pero no podemos olvidar un tema mucho más complicado que es la violencia física y simbólica que viven las mujeres dentro del campo musical.
En una entrevista realizada para MANIFESTO MEDIA la compositora e intérprete argentina Sol Pereyra asegura que la mujer sigue siendo vista como un objeto “o eres groupie, o te tienes que enamorar perdidamente del músico hombre”.
Por otro lado Sol Pereyra asegura que en la música si eres mujer debes enseñar para vender, “si no muestras cuerpo no vas a cortar ticket”.

Hablamos de un panorama para la mujer realmente adverso, en México es muy complicado vivir del arte, de la música. Día a día millones de mexicanos buscan “romperla” con su música en un camino tortuoso, de pocas oportunidades, ahora imagínense ser una intérprete mujer, sin experiencia, sin plata, sin contactos, vaya peripecia.
La realidad es que el tema del “patriarcado musical” es complejo, profundo, y poco estudiado. Una situación social que debe cambiar con urgencia, el camino a la deconstrucción, al desaprender es largo, constante, urgente y necesario.








