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La violencia contra la mujer, así como la discriminación y la falta de presencia femenina en el campo musical no es reciente. Existen estudios que exponen que el patriarcado representa “el orden simbólico desde las comunidades griegas y que, esta dominación masculina, se sustentaba en distintas formas de violencia” (Molas, 2006 p. 227)
Hablamos de prácticas aprendidas, heredadas, que no son acciones naturales en los hombres por sus condiciones biológicas, anatómicas o genéticas, es decir, que no son inamovibles, asegura Mar Venegas (2015). Esta condición social y no algo privado o del individuo, da a la discriminación de género una característica de vulnerabilidad que es posible cambiar.
Los conceptos pre establecidos marcan una diferencia “naturalizada” y normalizada entre hombres y mujeres, dejando a las mujeres en un segundo plano y limitando sus funciones a las de madres y esposas.
Esta limitación social ha relegado a la mujer en diferentes campos sociales. La mujer fue, y aún es considerada en ciertos lugares, como una compañera, madre, educadora, perdiendo así la visibilización de su individualidad, sus talentos, aptitudes, capacidades. Aún es reducida a un vientre. La mujer se queda entonces “encerrada” para cumplir en el ámbito privado y doméstico, sin poder salir o abrirse al mundo y expresarse con plena libertad. Virginia Woolf asegura que “las mujeres no han tenido el protagonismo creativo que les corresponde”.
La mujer durante cientos de años no ha tenido las herramientas suficientes, ni la educación, ni los medios necesarios para desarrollarse a plenitud en diferentes ámbitos, artísticos, laborales, personales, entre ellos el campo musical.Es de vital importancia poner al centro de la discusión y nuestra atención a las “manifestaciones que la cultura patriarcal ignoró y no consideró” (Soler, 2016)
La evidente discriminación de género que sufren las mujeres en el campo musical ha generado un sinfín de estudios, acciones, investigaciones y observaciones alrededor de este fenómeno que no siempre ha sido igual. En la antigüedad la mujer fue integrada al mundo musical en la civilización griega, egipcia e incluso en algún momento del renacentismo (Soler, 2016).
Prácticamente desde la aparición del ser humano la música ha acompañado a nuestra especie como una herramienta para expresar sentimientos, ideas, crear narrativas o simplemente para desarrollar la creatividad, a pesar de la característica universal de la música aún existen sectores de la sociedad a los que no se les permite acceder libremente a ella, crearla, comercializar y escucharla. Estamos hablando de discriminación de género.
En Puebla capital contamos con diferentes eventos gratuitos, de paga, locales, nacionales e internacionales. Somos la sede de dos de los festivales masivos más importantes del país, como el Festival Catrina y el Festival Comuna. Por parte del gobierno el abanico de opciones también es grande. Conciertos gratuitos son el atractivo principal de la “Feria de Puebla” y el “Festival Internacional 5 de Mayo”. A pesar de la gran diversidad de estos foros, en Puebla aún nos encontramos con una fuerte discriminación de género dentro del ámbito o campo musical de la región metropolitana.
Hay una alarmante falta de apertura de espacios, difusión, y apoyo a la música y proyectos sonoros creados por y desde la comunidad femenina en Puebla. Para ejemplificar lo anterior podemos hablar de los festivales masivos en la región. El Tecate Comuna en su última edición presentó 31 talentos de los cuales solamente tres eran femeninos, el Catrina por su parte presentó 40 talentos siendo solo seis los representantes femeninos.
Para profundizar y charlar sobre el tema nos acercamos a la compositora e intérprete argentina Sol Pereyra.
Iniciamos la charla con Sol de manera directa preguntando sobre las situaciones de desigualdad que ha sufrido en la escena, a lo que la argentina contestó: “En argentina me ha pasado un par de veces, hace unos años, ahora a través del movimiento feminista siento que los hombre músicos se tuvieron que colocar en otro lugar».
Antes de eso era ser vista de alguna manera, no como colega, sino como una groupie, alguien que estaba ahí interesada en tener algo con los músicos, no podían considerarte como intérprete, fui subestimada musicalmente por ser mujer, nunca una mujer puede tener destreza o facilidad para componer. Este tipo de estereotipos”.
Sol nos comenta que este tipo de acciones se ejercen desde diferentes lugares, “A mi me ha pasado con todos. Me pasó con un periodista, yo tenía un trio con “Los Cocineros”, los tres éramos compositores, la que más hacía canciones era yo pero el periodista puso al varón como la inteligencia, la voz maravillosa de la cantante principal y la linda trompetista me puso a mí, para él yo no tenía ni voz ni cabeza, era la linda que tocaba la trompeta”.
Sobre los talentos emergentes y su situación frente a dicha violencia la trompetista comenta, “Yo creo que sí porque aparta la industria también y el sistema son un poco crueles, en vez de acompañar de alguna manera y entender que una persona está en un proceso de formación se le muestra un respeto si es que tiene fama, dinero, si estás iniciando no mereces respeto, esa fue mi experiencia. Mientras yo me estaba formando, aprendiendo, no merecía el respeto que tengo hoy”.
La charla con Sol Pereyra termina tocando el tema sobre los managers de los talentos femeninos, pues la compositora asegura que para una mujer es sumamente difícil ser representada por un manager.
La cantante y compositora argentina regresará a la ciudad de Puebla el próximo 17 de octubre.









