CONSECUENCIAS POLÍTICAS #2 EL REY SALOMÓN

0
107

Si hay una cita literaria, relacionada con el poder y el gobierno, que ha permeado mundialmente es la siguiente:

“Dame un corazón comprensivo para que pueda gobernar bien a tu pueblo, y sepa la diferencia entre el bien y el mal; pues ¿quién puede gobernar por su propia cuenta a este gran pueblo tuyo?

Al Señor le agradó que Salomón pidiera sabiduría, así que le respondió:

Como pediste sabiduría para gobernar a mi pueblo con justicia y no has pedido una larga vida, ni riqueza, ni la muerte de tus enemigos, ¡te concederé lo que me has pedido! Te daré un corazón sabio y comprensivo, como nadie nunca ha tenido ni jamás tendrá.

Además, te daré lo que no me pediste: riquezas y fama. Ningún otro rey del mundo se comparará a ti por el resto de tu vida”.

La oración de Salomón ha sido una guía, no solo religiosa, sino también política.

En este contexto, hago un paréntesis para dar un consejo que nadie me pidió:

¿Qué libro sobre poder debo leer? Y ha de sorprender que la respuesta no sea leer a Thomas Hobbes, Daniel Innerarity, Max Weber o al afamado Nicolás Maquiavelo, sino el libro de Salomón.

Y es que algo de lo que los políticos han adolecido siempre: la sabiduría.

Ojo: no es falta de inteligencia o astucia, sino de SABIDURÍA.

Sigamos en la lógica de la teología, Salomón tuvo 700 esposas y 300 concubinas, se embriagaba, tenía excesos, llegó a abusar de su poder, y tenía muchos más defectos narrados en la Biblia, pero al final del día pidió sabiduría.

Así, logró encabezar un gran gobierno, tuvo la humildad de saberse inexperto, joven y solo ante gran responsabilidad.

Pese a estas debilidades, delegó tareas y aunque su final no fue el más digno de presumir, su legado vive, no por él mismo, sino por lo que era capaz de hacer con la gente que lo rodeaba.

Cuando todo el poder, todas las preguntas, toda la responsabilidad, todos los hechos, todos los dichos y más, caen sobre la espalda de una sola persona, ese peso lo hará hundirse como un barco cargado en el mar.

Por el contrario, cuando el peso de un gobierno se maneja entre muchos, la carga es más ligera, pero para repartir ese peso, se necesita gente capaz y fuerte.

Para tal responsabilidad, la petición de sabiduría que Salomón hizo, atrajo frutos: construyó el templo, se hizo más rico porque supo hacer rutas de conexión comercial sin mencionar que, con su anillo, controlaba todos aquellos demonios que querían llegar a perturbarlo.

El que tenga oídos para oír, que oiga.